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NOVEDAD PDF La ley de siembra y cosecha - La condenación eterna no existe - Valencia
domingo, 18 de enero de 2026Detalles del Anuncio
Ciudad:
Valencia
Operación:
Regalo
Descripción
Información sobre el artículo
Extractos del libro: Esta es Mi Palabra A y Ω
Dios es el donante de la vida, porque Él mismo es la vida. De la Ley eterna de la vida, Dios dio a los seres humanos el libre albedrío, para decidirse libremente a favor o en contra de Él.
Quien esté a Su favor, guardará las leyes eternas del amor y de la vida y también recibirá de la Ley eterna los dones del amor y de la vida. Quien sienta, piense y actúe contra la Ley eterna, recibirá lo que haya sembrado, es decir lo que haya sentido, pensado, hablado y hecho.
Cada cual recibe, por lo tanto, lo que él mismo ha sembrado. Quien siembre buena semilla, es decir, cumpla las leyes de Dios, también cosechará buenos frutos. Quien siembre semillas humanas, que introduce como sentimientos, pensamientos, palabras y actos humanos en el campo de su alma, también cosechará frutos análogos.
En ello veis que Dios no interviene en la voluntad del ser humano. Él es donante, ayudante, amonestador, guía y protector de aquellos que se esfuerzan en hacer Su voluntad, porque se vuelven hacia Él. Quien Le vuelva la espalda, creando su propia ley humana, también será conducido por su propia
«ley egoísta» humana.
Dios no interviene por tanto en la ley de Siembra y cosecha.
Cristo dice: ¡Ay de aquellos que pequen contra seres humanos, animales, plantas, piedras y contra todo lo que Dios les ha dado para vivir en Él! El ánimo de muchas personas se ha insensibilizado. Su yo humano solo piensa en ventajas personales. Con eso la persona egoísta perjudica a sus semejantes y también explota a los reinos de la naturaleza. El ser humano de este tiempo se ha apoderado y se apodera del gran hombre–Tierra, de la Tierra. Contamina a la Tierra, ultraja la vida que hay sobre ella e interviene en la atmósfera mediante su manipulación de la energía atómica, y asimismo con productos químicos y de otro tipo. Es decir, ultraja a la Tierra y a todo lo que vive en ella, y destruye el manto atmosférico que la protege a ella y a toda vida terrestre.
¡Dios es amor!
¡Dios no condena! Pero la persona que piensa, habla y actúa en contra de la Ley divina, se entrega a su propio juicio y a esto le llama condenación.
Las palabras «condenar» y «condenación», surgieron del temor a Dios y de la creencia en dioses vengadores. Dioses vengadores no son otra cosa que conceptos e ideas humanos, es decir, ídolos que el propio ser huma- no creó por haberse vuelto pobre en energía a causa de sus pensamientos y actos lejanos a Dios y haberse con ello alejado del verda-dero, del Uno, del Eterno.
Cristo dice: Comprended: solo la Ley eterna del amor hace libre a la persona –no la ley de Siembra y cosecha–. Esta solo le trae sufrimiento, enfermedad, necesidades y padecimiento.
Editorial Gabriele
Nro. de artículo: BG367
32 págs
PDF
0,00€
Para todas las personas de todas las culturas en todo el mundo
cs, el, en, es, fr, hu, it, kr, pl, pt, ro, ru, sk, sl, sk, sv, tr y más idiomas
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Extractos del libro: Esta es Mi Palabra A y Ω
Dios es el donante de la vida, porque Él mismo es la vida. De la Ley eterna de la vida, Dios dio a los seres humanos el libre albedrío, para decidirse libremente a favor o en contra de Él.
Quien esté a Su favor, guardará las leyes eternas del amor y de la vida y también recibirá de la Ley eterna los dones del amor y de la vida. Quien sienta, piense y actúe contra la Ley eterna, recibirá lo que haya sembrado, es decir lo que haya sentido, pensado, hablado y hecho.
Cada cual recibe, por lo tanto, lo que él mismo ha sembrado. Quien siembre buena semilla, es decir, cumpla las leyes de Dios, también cosechará buenos frutos. Quien siembre semillas humanas, que introduce como sentimientos, pensamientos, palabras y actos humanos en el campo de su alma, también cosechará frutos análogos.
En ello veis que Dios no interviene en la voluntad del ser humano. Él es donante, ayudante, amonestador, guía y protector de aquellos que se esfuerzan en hacer Su voluntad, porque se vuelven hacia Él. Quien Le vuelva la espalda, creando su propia ley humana, también será conducido por su propia
«ley egoísta» humana.
Dios no interviene por tanto en la ley de Siembra y cosecha.
Cristo dice: ¡Ay de aquellos que pequen contra seres humanos, animales, plantas, piedras y contra todo lo que Dios les ha dado para vivir en Él! El ánimo de muchas personas se ha insensibilizado. Su yo humano solo piensa en ventajas personales. Con eso la persona egoísta perjudica a sus semejantes y también explota a los reinos de la naturaleza. El ser humano de este tiempo se ha apoderado y se apodera del gran hombre–Tierra, de la Tierra. Contamina a la Tierra, ultraja la vida que hay sobre ella e interviene en la atmósfera mediante su manipulación de la energía atómica, y asimismo con productos químicos y de otro tipo. Es decir, ultraja a la Tierra y a todo lo que vive en ella, y destruye el manto atmosférico que la protege a ella y a toda vida terrestre.
¡Dios es amor!
¡Dios no condena! Pero la persona que piensa, habla y actúa en contra de la Ley divina, se entrega a su propio juicio y a esto le llama condenación.
Las palabras «condenar» y «condenación», surgieron del temor a Dios y de la creencia en dioses vengadores. Dioses vengadores no son otra cosa que conceptos e ideas humanos, es decir, ídolos que el propio ser huma- no creó por haberse vuelto pobre en energía a causa de sus pensamientos y actos lejanos a Dios y haberse con ello alejado del verda-dero, del Uno, del Eterno.
Cristo dice: Comprended: solo la Ley eterna del amor hace libre a la persona –no la ley de Siembra y cosecha–. Esta solo le trae sufrimiento, enfermedad, necesidades y padecimiento.
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